Mokuso

    Mokuso, pronunciado "moh-kso" (黙想), es un término japonés para realizar meditación que significa "mirar en silencio hacia el corazón" aunque también se le atribuye la traducción de "reflexión tranquila". Es el concepto de un estado que se alcanza mediante el entrenamiento mental, unido a la relajación y respiración que, combinados con la postura adecuada. Nos permiten regresar al estado mental de un recién nacido carente de miedo, sin conocimiento de lo que es el estrés, el dolor, la duda, etc. Nos capacita para dejar la mente en blanco y concentrarnos para poder afrontar diferentes situaciones sin que emociones o dudas restrinjan nuestros movimientos.

    El Mokuso (Mushin No Kokoro) es la meditación concentrada que se realiza con la práctica del Zen, y que en el Budo moderno se practica en las ceremonias de saludo (Rei-Ho) al comenzar o finalizar una práctica de Karate y de Artes Marciales tradicionales japonesas, con el fin de “poner el espíritu en calma” antes de salir del Dojo para seguir con la vida cotidiana.
     
    Para realizar la meditación nos debemos situar en (Sei-Za), con la barbilla recogida, la nuca estirada, la nariz estará en la vertical del ombligo, los hombros caerán naturalmente.
     
    Colocados en esa posición correctamente, con nuestros músculos relajados, eliminando toda tensión, realizaremos una respiración lenta, larga y profunda, concentrados en la exhalación. Al mismo tiempo que ejerce sobre la región abdominal (Hara) –como centro de equilibrio y energía- un masaje sobre la parte inferior. En los ejercicios respiratorios, el aire se tomará por la nariz y se expulsará por la boca.
     
    A continuación, dirigiremos la atención hacia nuestra mente, y nos preguntaremos sobre cuál es nuestro estado de ánimo. Luego, nos encontraremos plenamente en el momento en que vivimos, hasta alcanzar una actitud receptiva y disponible, libre de las emociones y deseos del ego, de esa manera podremos reaccionar de una forma natural y espontánea. Todo este proceso lo realizaremos con los ojos cerrados para evitar estímulos exteriores, y percibir mejor las sensaciones interiores del cuerpo, tomando conciencia de sí mismo. La duración de la meditación deberá estra entre un par de minutos y puede llegar hasta una hora.
     
     
    A la hora de practicar Mokuso se combinan la postura corporal, la respiración y la concentración.
     
    La Postura 
     
    Podemos realizar mokuso sentados en una silla o incluso tumbados en el suelo (Ouchaku zazen). Sin embargo, la postura corporal óptima para realizar mokuso parte de seiza. Adoptaremos una postura cómoda, con los empeines pegados al suelo y la columna totalmente recta. Debemos estirar la espalda como si quisiéramos tocar el techo con la cabeza, retraer la barbilla ligeramente hacia atrás y hacia el pecho y dejar los hombros muy relajados. Si la postura aún es incómoda podemos sentarnos con las piernas cruzadas pero la columna debe estar completamente recta.
     
    En KYOKUSHINKAI, normalmente se dejan los puños apoyados relajadamente sobre los cuadriceps junto a las caderas.
     
    Según el Budismo Zen, el dorso de la mano izquierda debe descansar sobre la palma de la mano derecha. Ambos dedos pulgares deben hacer contacto en la punta formando una especie de ojo o cavidad frente al hara (bajo abdomen), como si fueran una prolongación uno del otro. Otra variante de las manos es colocarlas sobre los muslos en seiza con los dedos pegados y apuntando hacia dentro. Debemos cerrar los ojos o entornar los párpados con la mirada baja.
     
     
    La Respiración
     
    La respiración es la clave para realizar mokuso correctamente. Debe partir del abdomen y trabajando con el diafragma. Ha de realizarse en ciclos lentos y pausados.
     
     
    La inspiración se realiza con la nariz manteniendo la boca cerrada. Ha de ser lenta, relativamente larga y profunda pero no forzada. Hay que tratar de realizarla de forma natural y automática. Justo antes de llenar los pulmones, retenemos el aire un instante y lo soltamos.
     
    La exhalación debe realizarse con la boca ligeramente abierta. Ha de ser profunda, sin forzarla, y tratando de no soltar todo el aire que tenemos dentro para proceder con el siguiente ciclo de respiración. 
     
    Hemos de concentrarnos en todo momento en el movimiento del abdomen hasta que lo hagamos instintivamente. Controlando la respiración reducimos nuestro ritmo cardiaco y el estrés, las pulsaciones bajan y nos relajamos física y mentalmente.
     
     
     
    La Concentración
     
    Por último, centramos la atención en la mente. Hay que tratar de dejar la mente en blanco y alcanzar un estado mental sereno. Sin embargo, dejar de pensar es algo fácil de decir pero no tanto de hacer. Lo ideal es que nos centremos en la postura y la respiración para que la mente se concentre y nos lleguen la menor cantidad de pensamientos posibles. Los pensamientos que sigan llegando serán obviados hasta dónde sea posible, sin obsesionarnos con su significado. Todo el proceso se hará con los ojos cerrados o entornados para evitar estímulos externos y percibir mejor las sensaciones interiores de nuestro cuerpo y respiración. La inmovilidad del cuerpo ayudará a retener la mente. El Zen utiliza la metáfora de un mono atado a un pilar para representar este fenómeno; el mono representa a la excitación (mente) que queda paralizada al sujetarla al pilar (cuerpo).
     
    A la hora de realizar mokuso, es imprescindible establecer una rutina basada en una dedicación real a la meditación. No se deben esperar resultados inmediatos pero tras aproximadamente un mes de practica -de 15 a 30 minutos al día- notaremos una gran diferencia.
     
    El correcto Mokuso y sus beneficios llegan a través de su prática.
     
    Si la práctica es correcta, la energía positiva y la sensación de bienestar interior se convertirán en una parte indispensable de nuestro día a día.
     
     
     
    FUENTE: Wikipedia e Iko Catalunya.
     
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